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36 escalones


36 escalones a ese lugar blanco, suave, a esa cápsula de tiempo que transporta; fajas que dibujan el camino que debo transitar, que van copiando las distorsiones que se presentan, haciendo más largo el recorrido, como una fuga casi infinita. 
                Siento que floto, no quiero perderme nada, aunque todo es tan quieto, veo mi reflejo en el suelo, como una sombra tenue. De repente, una luz como relámpagos destellantes en el cielo me muestra que allí, al fondo, al final de la fuga y donde se terminan las horizontalidades hay algo, algo que se abre y no puedo descubrir por completo de que se trata.

- No me quites la ilusión, déjame que sueñe todavía.

Recorro con mis ojos lo que aparentemente es un túnel, me siento como si viajara atravesando la ciudad por la noche en cámara rápida, donde luces de los autos como líneas eternas me muestran el camino. De este túnel se desprenden espacios a través de puertas que quedan disfrazadas entre surcos, entre rajas de vidrio y madera blanca, que me muestran y esconden lo que hay del otro lado. Sin esperarlo y de la nada me veo contemplando todo aquello que se asoma por la ventana.
Ingreso a ese espacio que me atrae. Lo miro: no es tan grande como parece, las líneas del techo bajan por el muro y se transforman en mesas que contienen computadoras. Todo es blanco y gris, como concibiendo un positivo y negativo. Las luces son tenues, casi no se distingue de donde vienen, no generan contrastes.
Continúo con mi paseo, y decido ir hacia la luz. Repentinamente un quiebre que estalla en fragmentos marca la apertura, direcciona y me guía hasta el punto de inflexión que será el espacio central desde el cual surge una escalera que se va plegando, etérea, llevándome a otro lugar, donde no sé qué hay. Decido quedarme y ver lo que el sol dibuja en el lugar, pequeñas formas pintan de gris el espacio, como si estuviera debajo de un árbol, sentada, inmóvil, sumergida en una trama encargada de generar llenos y vacíos.





La consigna era escribir un relato, lo que me imaginaba del espacio en el cual estoy trabajando, en un proyecto para la facultad. Este es el resultado al que llegue luego de escribir el relato, la concepción espacial de  la atmósfera descripta.

narrando instantáneas I

Miles de palabras que se conjugan y confabulan pensamientos, frases, poemas, ideas. Las manos escriben lo que la mente les dice, las manos hacen piel, lo que el rincón recóndito de la mente deja deslizar. Sin ser poeta, sin ser escritor, me dejo llevar por lo que los años han hecho de mi.
Inevitable osadía del destino, el cruzarte por los pasos recorridos, mirando a través del vidrio de los sueños.
Sintiendo cada uno de los estados del cuerpo, el pensarte cada noche, el leerte en mis sueños, el verte por mis manos, el sentirte por mis ojos. Agotada y agobiada por el terrenal suspiro de las palabras, tratando de imaginar el tiempo más corto, sintiendo que estas a mi lado.
Quien sabe lo que se sabe, te miro, mirarme, suspiro en mi alma, siento que el calor de tu cuerpo llega, y se mete dentro y debajo de mi piel, cada vez más cerca, aunque el tiempo y la distancia no se acortan.
Ya ves, acá de este lado del mundo, tratando de entender la realidad que me recorre. Tratando de escapar, hacia el mundo de los sueños perdidos, tratando en vano encontrar la respuesta que necesito. Camino los mismos pasos todos los días, cada vez con el andar más lento.
Los ojos cansados de mirar la pantalla que hay frente mío, agotados del brillo del reflejo. Pero adictos a la forma en que te representas, adictos a la adicción de ver despertarte en el mundo. Casi no pueden parpadear, no quieren perder los segundos, los segundos que representa el velo negro de la no imagen, de la no imagen de vos.
Que paso con todo aquello que decías, con todo aquello que yo decía? Que paso con esas palabras? Lo que paso es que fueron borradas por la idea del mágico encuentro de las almas.

El abismo frente mío, un pie en el aire, quiero saltar, quiero volar. Ojala te encuentre volando por los mismo vientos, ojala te encuentre en el aire, soplando.


[a pedido de roro y el kapitan]

A un océano de distancia


A un océano de distancia,
la que una vez fue.
A un océano de distancia
alguien que no volverá a ser ya más.
Dos continentes.

Dos orillas.
Dos personas.
Un océano que pareciera separar dos mundo
s.
La que será se debate entre dos costas
mientras las olas eternas llevan recuerdos de una tierra a la otra
en un vaivén nostálgico y fas
cinante.
En el océano se funden, embravecidas,
locas creaciones,
un sinfín de posibilidades
y ya no se distinguen los límites de lo que fue

lo que es,
lo que puede ser
Solo queda la espuma de una efervescencia
de sal y misterio.
Solo el bravo cambio de mareas
y la seguridad inmortal del canto de las caracolas.
El océano se vuelve un extraño punto
de unión y distancia,

un permanente devenir
y ya no importa que orilla pises
porque las olas volverán incansables

a lamer las arenas,
llevándose en cada nuevo viaje un poco de tus recuerdos.
Un poco de vos.
Desparramándote por el mundo.
Es el mar el que a la vez que nos separa
nos une con los que fuimos
y los que seremos.
Es en este mar en el que todos somos;

viajeros eternos.
Donde burlamos a la muerte
y vivimos cientos de existencias.


AUTOR| roro y el Kapitan